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LENGUANDINA, LENGUABIERTA
"[P]ara que de una vez se llegue a conseguir el que se extingan los diferentes idiomas que se usan en los mismos Dominios [americanos], y sólo se hable el Castellano." Carlos III, Real Cédula, 1770.

Cocaví. (Del quichua ccocauí ) 1. m. Am. Mer. Provisión de coca. 2. m. Am. Mer. Provisión de víveres que llevan quienes viajan a caballo. Diccionario de la Real Academia de la Lengua [castellana], 2001.

Quqa. Árbol, cualquiera que sea. Kuka. Hoja de un árbol así llamado que los indios mascan. L. Bertonio, Vocabulario de la lengua aymara, 1612.


Liminar

Las lenguas ‘amerindias’, esto es, lenguas nativas u originarias de América (pero de una ‘América’ de antes de la invención europea de América) o, más precisamente, algunas de ellas, ya no desaparecerán — como se empeñaran en profetizar los colonizadores de la primera hora y posteriormente el positivismo progresista del siglo XIX Seguramente se transformarán, como toda lengua ‘viviente’ por demás. Sea por el peso de la facticidad (hay varias de dichas lenguas, como el quechua, el aymara, el guaraní, el náhutl y el maya, que actualmente son habladas por varios millones de personas), sea por emergentes demandas sociopolíticas asociadas a su pervivencia (es el caso del mapudungun o lengua mapuche, el rapa-nui o pascuense, etc.), sea por su entrada en los medios de comunicación masivos (radio y, por ahora en menor medida, televisión y prensa), la América Meridional del siglo XXI dejará de ser — de manera explícita, pues de hecho jamás lo habrá sido — un espacio cultural unilateralmente hispánico (luso-castellano). ¿Para dar paso a un ámbito donde las lenguas de 'acá' (y con ello su cultura en constante reinvención) adquieren crecientemente derecho de ciudadanía? Tal vez (tal posibilidad depende también de ud.). Pero tal vez es lo que ya está ocurriendo más o menos intensamente en los diversos países de la región con la incorporación de la educación intercultural bilingüe como componente de las reformas educativas, y, más ampliamente, con la creciente atención de las agencias mundiales (como es el caso de la UNESCO) por las ‘dimensiones culturales’ de la convivencia.

En este momento de aparente “vuelta atrás” (que es de veras un volverse tal vez a lo que viene: a lo más diverso y más plural), momento de agitado aunque desigual despliegue tecnológico planetario, poner a disposición de estudiantes, académicos y público en general, “recursos” acumulados de las lenguas amerindias en uso y, en especial, las colecciones históricamente más relevantes de Diccionarios y Gramáticas de ellas, viene a ser una aventura primordial. Ello, para decirlo brevemente, tanto desde un punto de vista político (democrático) como sociocultural (apertura atenta a la diversidad cultural y a las potencialidades ‘endógenas’) y humano en sentido lato.


Lenguandina

Lenguandina, fruto de la colaboración entre el Instituto de Estudios Bolivianos, de la Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia, e Intemperie Ediciones, Santiago, Chile, se propone de manera paulatina digitalizar diccionarios y gramáticas históricamente relevantes de lenguas de pueblos vinculados a este espinazo americano que es la cordillera andina, y ponerlos a libre disposición de las personas interesadas vía este sitio en internet.

Actualmente existen en internet decenas de diccionarios (y también gramáticas), bilingües o no, de las lenguas occidentales y asiáticas más habladas (inglés, francés, castellano, portugués, ruso, japonés, etc.), pero casi no hay diccionarios operativos de lenguas amerindieras, salvo contadas excepciones.

Nuestra opción por digitalizar textos ‘clásicos’ (diccionarios y gramáticas escritos en el primer momento colonial, especialmente por intelectuales jesuitas, pero también, más tardíos, de fines del siglo XIX), se asienta no sólo en la necesidad de saltarnos los intríngulis de los derechos de autor, ya que dichas obras han pasado a formar parte del patrominio común, sino también para explícitamente poner a disposición obras de referencia de indiscutida relevancia, aún si en algunos casos la evolución de la respectiva lengua haya dejado en desuso algunos de sus contenidos (pero a nadie se le ocurriría cuestionar el valor lingüístico y cultural, por ejemplo, de EL QUIJOTE bajo el pretexto de que algunas de sus fraseos o palabras ya no se usan, o no se usan tal cual; lo mismo pasa con las obras de Bertonio, González de Holguín, Montoya, de Augusta y otros), y aún cuando el carácter ideológico de dichos textos (evangelizadores) resulte por momentos algo indigerible.


Agradecimientos

Al vecino Alberto Allard (por la configuración del buscador de palabras e ingreso de los textos), a Rosario Aguilar y Franz Quiroga y Lucía Choque (corrección de pruebas del diccionario Aymara-Castellano), a Ian Davidson y Cecilia Tolmo (diseño del sitio), a Rebecca Pizarro, Loreto Pizarro y Roxana Cerda (escanneo y digitalización de textos). Por demás, el estado actual de Lenguandina no hubiese sido posible sin el apoyo, el año 2003, del Consejo del Fondo del Libro y la Lectura, del Ministerio de Educación de Chile, quien financió la puesta en línea del Diccionario Aymara-Castellano de Ludovico Bertonio.

Zacarías Alavi, La Paz; Andrés Ajens, Santiago